Un informe de World Vision evalúa el impacto de la subida de precios en la asequibilidad de los alimentos y cifra en 4,3 días laborables el tiempo medio global necesario para poder permitirse una canasta básica

Vendedores y
clientes se agolpan alrededor de un puesto de fruta en el mercado central el 6
de junio de 2026 en Bunia, República Democrática del Congo.Michel Lunanga
(Getty Images)
Madrid - 15 OCT 2026 - 16:00 CEST
¿Cuántos días de trabajo se
necesitan para ganar lo suficiente para comprar una cesta de alimentos básica?
Si nos hacemos esta pregunta en Irlanda, bastan
apenas 1,2 horas. Sin embargo, la situación cambia drásticamente en República
Centroafricana, donde un trabajador necesita alrededor de 30 días para
adquirir esa misma canasta básica. En Finlandia, una persona puede completar la
cesta de la compra solo con dedicarle 1,7 horas a su trabajo, frente a los 20,4
días que requiere alguien que vive en Malaui. Estas disparidades extremas son
algunos de los datos del informe Price Shocks
2026 de la ONG World Vision, que evalúa por quinto año el coste de una
cesta básica de 10 alimentos habituales frente a los salarios medios de 62
países.
“Elegimos este indicador porque
convierte la asequibilidad de los alimentos en algo que la gente puede
comprender. Los porcentajes de inflación pueden parecer abstractos, pero todo
el mundo entiende lo que significa trabajar una jornada completa, o incluso
varios días, solo para poder permitirse una dieta básica y nutritiva”, explica
por correo electrónico Paul Kinuthia,
director sénior de Alimentación, Ayuda en efectivo y Mercados de World Vision
International.

La investigación revela las
graves desigualdades globales y el impacto devastador del encarecimiento de
los alimentos sobre los hogares y la infancia y coincide con otras alertas
recientes sobre la situación alimentaria mundial. El Índice Global del Hambre
2026, publicado este miércoles, advierte de que, tras casi dos décadas de
avances, el hambre vuelve a crecer en el mundo, con 44 países que presentan
niveles graves o alarmantes y 32 que han empeorado desde 2018.
Tomando como referencia una
jornada laboral de ocho horas, el tiempo medio necesario para poder permitirse
una cesta de la compra en los países analizados en 2026 es de 34,3 horas, es
decir, unos 4,3 días laborables, lo que supone un descenso respecto a los 4,9
días laborables de 2024. Sin embargo, desde World Vision advierten de que esta
mejora general no refleja toda la realidad. “El
hambre ha seguido agravándose en algunas regiones, especialmente en entornos
frágiles y vulnerables a las crisis climáticas. Además, algunos países,
entre ellos Burundi y Níger, donde el hambre es especialmente grave, no se han
incluido en el análisis de este año”, explican.
Millones de familias están
trabajando más duro que nunca y, aun así, no pueden permitirse una dieta
nutritiva
Paul Kinuthia, director sénior de
Alimentación, Ayuda en efectivo y mercados de World Vision International
“Millones de familias están
trabajando más duro que nunca y, aun así, no
pueden permitirse una dieta nutritiva”, incide Kinuthia. “Por ejemplo, un
vendedor de mercado, un trabajador agrícola o un trabajador eventual puede
tener empleo y, aun así, verse obligado a elegir entre comprar alimentos
nutritivos, pagar las tasas escolares o cubrir los gastos sanitarios”, añade y
explica que esto “pone a toda una generación de niños en riesgo de sufrir
hambre, malnutrición
y pérdida de oportunidades para desarrollarse”.

De los 62 países participantes en
el estudio, se incluyeron solo 56 en el análisis principal de horas y días de
trabajo. Dos (Japón y Mauritania) presentaban cestas incompletas por la
ausencia de maíz y cuatro (Afganistán, Sudán del Sur, Venezuela y Siria) fueron
excluidos por falta de datos sobre su Renta
Nacional Bruta (RNB). Para Kinuthia, esta ausencia de estadísticas
oficiales es, en sí misma, una señal de crisis extrema. “Es profundamente
preocupante porque los niños que afrontan los mayores riesgos de hambre y
malnutrición pueden ser también los menos visibles. Sin sistemas
de datos operativos, las crisis pueden quedar infrarrepresentadas, las
necesidades subestimarse y las respuestas pueden retrasarse”, añade.
Mientras que en países de altos
ingresos un trabajador necesita poco más de una hora de salario para comprar la
cesta básica, en los 11 con los precios de los alimentos más elevados se supera
la semana de trabajo. De estos, nueve pertenecen a África subsahariana,
una región que alberga a casi la mitad de los Estados más frágiles y afectados
por conflictos del mundo. En lugares como Sudán, el conflicto ha alterado los
mercados y los medios de vida, mientras que en países como Somalia, las sequías
recurrentes han reducido la producción de alimentos y elevado los precios.
Este aumento del precio de los
alimentos tiene consecuencias para las familias. Muchas comen menos veces al
día, otras reducen el tamaño de las raciones y algunas recurren a alimentos más
baratos y menos nutritivos para estirar al máximo los escasos recursos de los
que disponen. También piden dinero prestado, agotan sus ahorros, compran
alimentos a crédito o venden bienes. A medida que la crisis se agrava, algunas
reducen el gasto en sanidad y educación o asumen trabajos adicionales
simplemente para poder poner comida en la mesa.
Hay días en los que mis hijos
comen arroz solo con aceite y sal
Khin, madre de ocho hijos de
Myanmar
Marisol, una mujer de Guatemala
cuya historia recoge el estudio, nota en su día a día el mayor coste de la
comida. “Hemos seguido consumiendo la mayor parte [de los alimentos], solo que
ahora hay un poco menos”, explica. La carne es lo más caro, afirma, y el precio
del pollo puede variar de una semana a otra. “A veces comemos carne cada ocho
días, cada 15 días o incluso una vez al mes”, dice.
“Hay días en los que mis hijos
comen arroz solo con aceite y sal”, relata por su parte Khin, una madre de ocho
hijos de Myanmar. “Esto ya no es algo ocasional; se ha convertido en una
realidad cotidiana”, añade. Sus gemelos empiezan el día con gachas de arroz y,
a la hora de comer, lo único que vuelven a tomar son gachas de arroz. Con tan
poca comida nutritiva están empezando a sufrir desnutrición y problemas
digestivos.
Encarecimiento severo de los
precios
El estudio también recoge el
encarecimiento de la cesta de la compra registrado entre 2024 y 2026. En 33 de
47 países comparables, el coste de la cesta aumentó, con una subida media del
28,3%, la cual superó con creces los descensos registrados en otros lugares.
Los incrementos más drásticos ocurrieron en Zimbabue (+123%), Malaui (+112%),
China (+79%), Zambia (+61%) y Ucrania (+52%). Este encarecimiento está
impulsado por razones que van desde los conflictos armados, choques
climáticos (como sequías por El Niño), devaluaciones monetarias, la
inflación o la fragilidad económica. A estos factores se suman riesgos
geopolíticos como las
tensiones en torno al estrecho de Ormuz, una ruta clave para el comercio
mundial de energía, cuyo cierre ha afectado de forma directa al precio de los
fertilizanes y ha presionado aún más los precios de los alimentos.
Sudán registró una disminución
del 36% en el coste de la cesta básica, la mayor reducción medida, pero el
informe advierte que esta cifra refleja la inestabilidad de un
contexto de guerra y no una mejora real, ya que el país
padece una inseguridad alimentaria alarmante y situaciones
de hambruna.

Desde World Vision temen que la
situación empeore en los próximos años. “La combinación de conflictos, impactos
climáticos, alteraciones del suministro de alimentos y
recortes de la financiación para el desarrollo y la ayuda humanitaria
amenaza con hacer que los alimentos nutritivos sean todavía menos asequibles
para millones de familias”, explica Kinuthia. “El informe El
estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo (SOFI,
por sus siglas en inglés), ya muestra que el aumento de los precios de los
alimentos está relacionado con niveles más elevados de inseguridad alimentaria
y malnutrición infantil”, añade.
El estudio concluye que las
intervenciones de emergencia salvan vidas, pero no resuelven las causas
profundas, por lo que apelan a las soluciones a largo plazo, como apoyar la
agricultura climáticamente inteligente, fortalecer los sistemas y mercados alimentarios
locales, ampliar los programas de transferencias monetarias y de apoyo a los
medios de vida, mejorar el acceso a los servicios de nutrición e invertir en
comidas escolares y protección social.
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