lunes, 19 de octubre de 2026

El coste desigual de la cesta de la compra en el mundo: de 1,2 horas en Irlanda a un mes de trabajo en República Centroafricana

 Un informe de World Vision evalúa el impacto de la subida de precios en la asequibilidad de los alimentos y cifra en 4,3 días laborables el tiempo medio global necesario para poder permitirse una canasta básica

Vendedores y clientes se agolpan alrededor de un puesto de fruta en el mercado central el 6 de junio de 2026 en Bunia, República Democrática del Congo.Michel Lunanga (Getty Images)

Silvia Laboreo Longás

Madrid - 15 OCT 2026 - 16:00 CEST

¿Cuántos días de trabajo se necesitan para ganar lo suficiente para comprar una cesta de alimentos básica? Si nos hacemos esta pregunta en Irlanda, bastan apenas 1,2 horas. Sin embargo, la situación cambia drásticamente en República Centroafricana, donde un trabajador necesita alrededor de 30 días para adquirir esa misma canasta básica. En Finlandia, una persona puede completar la cesta de la compra solo con dedicarle 1,7 horas a su trabajo, frente a los 20,4 días que requiere alguien que vive en Malaui. Estas disparidades extremas son algunos de los datos del informe Price Shocks 2026 de la ONG World Vision, que evalúa por quinto año el coste de una cesta básica de 10 alimentos habituales frente a los salarios medios de 62 países.

“Elegimos este indicador porque convierte la asequibilidad de los alimentos en algo que la gente puede comprender. Los porcentajes de inflación pueden parecer abstractos, pero todo el mundo entiende lo que significa trabajar una jornada completa, o incluso varios días, solo para poder permitirse una dieta básica y nutritiva”, explica por correo electrónico Paul Kinuthia, director sénior de Alimentación, Ayuda en efectivo y Mercados de World Vision International.

La investigación revela las graves desigualdades globales y el impacto devastador del encarecimiento de los alimentos sobre los hogares y la infancia y coincide con otras alertas recientes sobre la situación alimentaria mundial. El Índice Global del Hambre 2026, publicado este miércoles, advierte de que, tras casi dos décadas de avances, el hambre vuelve a crecer en el mundo, con 44 países que presentan niveles graves o alarmantes y 32 que han empeorado desde 2018.

Tomando como referencia una jornada laboral de ocho horas, el tiempo medio necesario para poder permitirse una cesta de la compra en los países analizados en 2026 es de 34,3 horas, es decir, unos 4,3 días laborables, lo que supone un descenso respecto a los 4,9 días laborables de 2024. Sin embargo, desde World Vision advierten de que esta mejora general no refleja toda la realidad. “El hambre ha seguido agravándose en algunas regiones, especialmente en entornos frágiles y vulnerables a las crisis climáticas. Además, algunos países, entre ellos Burundi y Níger, donde el hambre es especialmente grave, no se han incluido en el análisis de este año”, explican.

Millones de familias están trabajando más duro que nunca y, aun así, no pueden permitirse una dieta nutritiva

Paul Kinuthia, director sénior de Alimentación, Ayuda en efectivo y mercados de World Vision International

“Millones de familias están trabajando más duro que nunca y, aun así, no pueden permitirse una dieta nutritiva”, incide Kinuthia. “Por ejemplo, un vendedor de mercado, un trabajador agrícola o un trabajador eventual puede tener empleo y, aun así, verse obligado a elegir entre comprar alimentos nutritivos, pagar las tasas escolares o cubrir los gastos sanitarios”, añade y explica que esto “pone a toda una generación de niños en riesgo de sufrir hambre, malnutrición y pérdida de oportunidades para desarrollarse”.

De los 62 países participantes en el estudio, se incluyeron solo 56 en el análisis principal de horas y días de trabajo. Dos (Japón y Mauritania) presentaban cestas incompletas por la ausencia de maíz y cuatro (Afganistán, Sudán del Sur, Venezuela y Siria) fueron excluidos por falta de datos sobre su Renta Nacional Bruta (RNB). Para Kinuthia, esta ausencia de estadísticas oficiales es, en sí misma, una señal de crisis extrema. “Es profundamente preocupante porque los niños que afrontan los mayores riesgos de hambre y malnutrición pueden ser también los menos visibles. Sin sistemas de datos operativos, las crisis pueden quedar infrarrepresentadas, las necesidades subestimarse y las respuestas pueden retrasarse”, añade.

Mientras que en países de altos ingresos un trabajador necesita poco más de una hora de salario para comprar la cesta básica, en los 11 con los precios de los alimentos más elevados se supera la semana de trabajo. De estos, nueve pertenecen a África subsahariana, una región que alberga a casi la mitad de los Estados más frágiles y afectados por conflictos del mundo. En lugares como Sudán, el conflicto ha alterado los mercados y los medios de vida, mientras que en países como Somalia, las sequías recurrentes han reducido la producción de alimentos y elevado los precios.

Este aumento del precio de los alimentos tiene consecuencias para las familias. Muchas comen menos veces al día, otras reducen el tamaño de las raciones y algunas recurren a alimentos más baratos y menos nutritivos para estirar al máximo los escasos recursos de los que disponen. También piden dinero prestado, agotan sus ahorros, compran alimentos a crédito o venden bienes. A medida que la crisis se agrava, algunas reducen el gasto en sanidad y educación o asumen trabajos adicionales simplemente para poder poner comida en la mesa.

Hay días en los que mis hijos comen arroz solo con aceite y sal

Khin, madre de ocho hijos de Myanmar

Marisol, una mujer de Guatemala cuya historia recoge el estudio, nota en su día a día el mayor coste de la comida. “Hemos seguido consumiendo la mayor parte [de los alimentos], solo que ahora hay un poco menos”, explica. La carne es lo más caro, afirma, y el precio del pollo puede variar de una semana a otra. “A veces comemos carne cada ocho días, cada 15 días o incluso una vez al mes”, dice.

“Hay días en los que mis hijos comen arroz solo con aceite y sal”, relata por su parte Khin, una madre de ocho hijos de Myanmar. “Esto ya no es algo ocasional; se ha convertido en una realidad cotidiana”, añade. Sus gemelos empiezan el día con gachas de arroz y, a la hora de comer, lo único que vuelven a tomar son gachas de arroz. Con tan poca comida nutritiva están empezando a sufrir desnutrición y problemas digestivos.

Encarecimiento severo de los precios

El estudio también recoge el encarecimiento de la cesta de la compra registrado entre 2024 y 2026. En 33 de 47 países comparables, el coste de la cesta aumentó, con una subida media del 28,3%, la cual superó con creces los descensos registrados en otros lugares. Los incrementos más drásticos ocurrieron en Zimbabue (+123%), Malaui (+112%), China (+79%), Zambia (+61%) y Ucrania (+52%). Este encarecimiento está impulsado por razones que van desde los conflictos armados, choques climáticos (como sequías por El Niño), devaluaciones monetarias, la inflación o la fragilidad económica. A estos factores se suman riesgos geopolíticos como las tensiones en torno al estrecho de Ormuz, una ruta clave para el comercio mundial de energía, cuyo cierre ha afectado de forma directa al precio de los fertilizanes y ha presionado aún más los precios de los alimentos.

Sudán registró una disminución del 36% en el coste de la cesta básica, la mayor reducción medida, pero el informe advierte que esta cifra refleja la inestabilidad de un contexto de guerra y no una mejora real, ya que el país padece una inseguridad alimentaria alarmante y situaciones de hambruna.

 

Desde World Vision temen que la situación empeore en los próximos años. “La combinación de conflictos, impactos climáticos, alteraciones del suministro de alimentos y recortes de la financiación para el desarrollo y la ayuda humanitaria amenaza con hacer que los alimentos nutritivos sean todavía menos asequibles para millones de familias”, explica Kinuthia. “El informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo (SOFI, por sus siglas en inglés), ya muestra que el aumento de los precios de los alimentos está relacionado con niveles más elevados de inseguridad alimentaria y malnutrición infantil”, añade.

El estudio concluye que las intervenciones de emergencia salvan vidas, pero no resuelven las causas profundas, por lo que apelan a las soluciones a largo plazo, como apoyar la agricultura climáticamente inteligente, fortalecer los sistemas y mercados alimentarios locales, ampliar los programas de transferencias monetarias y de apoyo a los medios de vida, mejorar el acceso a los servicios de nutrición e invertir en comidas escolares y protección social.

Sobre la firma

Silvia Laboreo Longás

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