La obesidad sigue rodeada de ideas simplistas que la reducen a una cuestión de imagen o de fuerza de voluntad. ‘Razones de peso’, la iniciativa impulsada por la compañía médica Lilly reúne a especialistas de distintos ámbitos para desmontar estos prejuicios y recordar que es una enfermedad compleja y progresiva que durante años se ha simplificado y que requiere un abordaje integral, adaptado a cada persona

Durante años, la obesidad se ha simplificado y asociado casi exclusivamente a la imagen corporal, a la falta de fuerza de voluntad o a los dígitos que aparecen en la báscula. Sin embargo, la evidencia científica ha demostrado que se trata de una enfermedad crónica, compleja, multifactorial, progresiva y recidivante (con tendencia a reaparecer) en la que influyen elementos biológicos, psicológicos, sociales y ambientales. Reducirla a una cuestión de decisiones individuales no solo alimenta el estigma, sino que puede dificultar que quienes convivan con ella reciban un abordaje adecuado.
Con el objetivo de cambiar esta percepción nació Razones de peso, una iniciativa impulsada por Lilly con referentes de la cultura, el deporte, la gastronomía y la salud. Ahora reúne a profesionales con un enfoque sanitario y de bienestar como José Abellán, cardiólogo; Aitor Sánchez, nutricionista; Esther Gómez, enfermera; Alicia González, psicóloga, y Xuan Lan, instructora de yoga y especialista en bienestar, para desmontar algunos de los mitos más extendidos sobre la obesidad y explicar, con respaldo científico, por qué su abordaje debe ir mucho más allá del peso. Entender esta enfermedad implica hablar también de salud mental, entorno, autocuidado, estigmas, nutrición, hábitos de vida saludables y prevención, y asumir que no existe una única solución válida porque cada persona es diferente.
No se trata solo de comer menos y moverse más
Uno de los mitos más extendidos sobre la obesidad sostiene que basta con comer menos y aumentar la actividad física para prevenirla. Para Aitor Sánchez, dietista-nutricionista y tecnólogo alimentario, esta idea simplifica en exceso una realidad mucho más compleja. “Es habitual oír recomendaciones como ‘fíjate en las calorías’ o ‘hay que eliminar los hidratos’, pero el abordaje nutricional es mucho más amplio”, subraya.
A su juicio, los hábitos alimentarios no dependen únicamente de la voluntad individual. El entorno, el ritmo de vida, la disponibilidad de alimentos saludables, el tiempo para cocinar o la situación económica pueden condicionar de forma directa las decisiones diarias. Por eso, insiste en que la obesidad no puede abordarse con soluciones rápidas ni con estrategias aisladas difíciles de sostener a largo plazo.
Sánchez defiende, además, la necesidad de adaptar las recomendaciones a la realidad de cada persona. Mientras algunas requieren mejorar sus conocimientos culinarios, otras necesitan herramientas para organizarse con poco tiempo o recursos limitados. “Precisamente de eso nos encargamos los dietistas-nutricionistas: de diseñar un abordaje nutricional personalizado que pueda mantenerse a lo largo de la vida”, apunta.
El autocuidado como parte del proceso
La alimentación es una pieza clave, pero no la única. Para Xuan Lan, profesora de yoga y experta en bienestar, el autocuidado debe ocupar un lugar central en el proceso. Lejos de entenderlo como una recompensa puntual, propone integrarlo como un hábito sostenido. “La obesidad es una enfermedad crónica, progresiva, compleja y multifactorial y, cuando hay una enfermedad de por medio, la decisión de ocuparse del propio bienestar se vuelve todavía más necesaria porque el cuerpo necesita aliados”, señala.

Esos aliados pueden encontrarse en gestos tan sencillos como el movimiento consciente, la respiración, el descanso, la meditación o hablarse con amabilidad. Según expone, estas prácticas pueden contribuir a regular el sistema nervioso, reducir los niveles de cortisol, mejorar la calidad del sueño, disminuir la inflamación crónica y mejorar la autoestima. “No es filosofía, se trata de fisiología”, enfatiza.
Antes de incorporar nuevos hábitos, Lan considera imprescindible identificar qué se quiere cambiar. Comprender cuándo aparece un comportamiento, en qué contexto surge y qué lo desencadena es, a su juicio, la clave para sustituirlo de forma consciente por otro más saludable. “Si tienes clara la intención y sabes por qué vale la pena, un día que no puedes no te destruye. Sabes que al siguiente lo harás”, concluye.
La obesidad requiere una evaluación integral
La manera en que se aborda la obesidad en consulta también resulta determinante. Para Esther Gómez, enfermera y divulgadora, uno de los grandes retos del sistema sanitario es mejorar la escucha activa. “En una consulta con tiempos limitados, uno de los retos es garantizar el espacio suficiente para realizar una escucha activa y comprender no solo el motivo de consulta, sino también las circunstancias que pueden estar influyendo en la salud de esa persona”, advierte.
Esa falta de escucha puede favorecer que la consulta gire en torno a un único dato: el peso. “Aporta información clínica, pero debe interpretarse dentro de una valoración mucho más amplia que tenga en cuenta otros parámetros de salud, los hábitos, la salud mental y el bienestar emocional, el descanso, las enfermedades asociadas y las circunstancias personales, familiares, sociales y laborales de cada paciente”, puntualiza.
Desde Atención Primaria y, especialmente, desde enfermería, existe una posición privilegiada para realizar educación para la salud, promover el autocuidado, identificar barreras y acompañar de forma longitudinal a cada persona en la definición de objetivos realistas e individualizados, en coordinación con el resto del equipo multidisciplinar. “No basta con explicar a una persona qué debería hacer. Como profesionales sanitarios, también debemos ayudarla a encontrar cómo incorporar esas recomendaciones a su realidad, teniendo en cuenta sus circunstancias, sus barreras y sus objetivos”, reflexiona la divulgadora.
La importancia de cuidar la salud mental
Abordar la obesidad desde una perspectiva integral implica dejar atrás una mirada centrada exclusivamente en el peso o en el índice de masa corporal (IMC). Alicia González, psicóloga sanitaria, asegura que reducir la salud a estos indicadores “tiene un coste importante”, porque deja fuera aspectos clave como el bienestar emocional, la relación con el propio cuerpo, la historia personal o el contexto de vida de cada individuo.
Es habitual oír recomendaciones como “fíjate en las calorías” o “hay que eliminar los hidratos”, pero el abordaje nutricional es mucho más amplioAitor Sánchez, dietista-nutricionista y tecnólogo alimentario
Esta visión también se traslada a la consulta, donde muchas personas perciben que su peso se convierte en la explicación de todos sus problemas. “Muchos pacientes acuden por un motivo concreto y lo primero que ocurre es que se les pesa o se señala su cuerpo como causa de todo, sin preguntar siquiera cómo se encuentran”, apunta. Esta sensación de juicio puede retrasar o incluso evitar la consulta, mientras que sentirse escuchado facilita el inicio del cuidado.
Hay personas con obesidad que llevan años probando estrategias, con un esfuerzo enorme y muchas veces invisible, enfrentando barreras económicas, emocionales o de acceso que no tienen nada que ver con la perezaAlicia González, psicóloga sanitaria

Entre los mitos más dañinos, destaca la idea de que la obesidad es una cuestión de voluntad: reducir la enfermedad a una falta de esfuerzo no solo carece de base científica, sino que añade una carga de culpa que dificulta su abordaje. También desmonta la creencia de que las personas con obesidad no cuidan sus hábitos o intentan cambiarlos. “Suelen llevar años probando estrategias, con un esfuerzo enorme y muchas veces invisible, enfrentando barreras económicas, emocionales o de acceso que no tienen nada que ver con la pereza”, indica la psicóloga.
Asimismo, cuestiona la idea de que alcanzar un determinado peso garantice el bienestar emocional: no siempre implica una mejora psicológica ni resuelve aspectos como la autoestima, la ansiedad o la relación con la comida. Es más, en algunos casos, puede activar o agravar un trastorno de conducta alimentaria, o generar una relación aún más rígida y exigente con el propio cuerpo. “El bienestar no puede medirse únicamente con la báscula”, avisa.
El corazón exige una revisión médica a tiempo
La obesidad no solo incrementa el riesgo de diabetes o hipertensión arterial, también deja una huella profunda en el sistema cardiovascular, aunque sus efectos pasen desapercibidos durante años. El cardiólogo José Abellán recalca que el daño integral, incluido el cardiovascular, comienza mucho antes de que aparezcan los primeros síntomas. “Durante mucho tiempo hemos reducido la obesidad a un problema de peso o de estética, cuando en realidad es mucho más que una acumulación de grasa”, cuenta.
El daño integral, incluido el cardiovascular, comienza antes de que aparezcan los primeros síntomas. Durante mucho tiempo hemos reducido la obesidad a un problema de peso o de estética, cuando en realidad es mucho más que una acumulación de grasaJosé Abellán, cardiólogo
Lejos de ser un simple depósito de energía, el tejido adiposo actúa como un órgano capaz de alterar el funcionamiento del organismo. Favorece un estado de inflamación crónica, modifica la producción hormonal, promueve la resistencia a la insulina, eleva la presión arterial y obliga al corazón a trabajar en condiciones más exigentes. El problema es que este proceso suele avanzar de forma silenciosa.
Esa ausencia de síntomas, junto con la alta prevalencia del exceso de peso, contribuye a infravalorar el riesgo cardiovascular asociado. Sin embargo, el objetivo de su abordaje va mucho más allá de la pérdida de peso. “No se trata de perseguir una determinada imagen corporal, sino de mejorar la salud, contribuir a reducir el riesgo de infarto, insuficiencia cardiaca, ictus o diabetes y muchas otras enfermedades, y aumentar tanto la esperanza como la calidad de vida”, concluye.