lunes, 19 de octubre de 2026

El coste desigual de la cesta de la compra en el mundo: de 1,2 horas en Irlanda a un mes de trabajo en República Centroafricana

 Un informe de World Vision evalúa el impacto de la subida de precios en la asequibilidad de los alimentos y cifra en 4,3 días laborables el tiempo medio global necesario para poder permitirse una canasta básica

Vendedores y clientes se agolpan alrededor de un puesto de fruta en el mercado central el 6 de junio de 2026 en Bunia, República Democrática del Congo.Michel Lunanga (Getty Images)

Silvia Laboreo Longás

Madrid - 15 OCT 2026 - 16:00 CEST

¿Cuántos días de trabajo se necesitan para ganar lo suficiente para comprar una cesta de alimentos básica? Si nos hacemos esta pregunta en Irlanda, bastan apenas 1,2 horas. Sin embargo, la situación cambia drásticamente en República Centroafricana, donde un trabajador necesita alrededor de 30 días para adquirir esa misma canasta básica. En Finlandia, una persona puede completar la cesta de la compra solo con dedicarle 1,7 horas a su trabajo, frente a los 20,4 días que requiere alguien que vive en Malaui. Estas disparidades extremas son algunos de los datos del informe Price Shocks 2026 de la ONG World Vision, que evalúa por quinto año el coste de una cesta básica de 10 alimentos habituales frente a los salarios medios de 62 países.

“Elegimos este indicador porque convierte la asequibilidad de los alimentos en algo que la gente puede comprender. Los porcentajes de inflación pueden parecer abstractos, pero todo el mundo entiende lo que significa trabajar una jornada completa, o incluso varios días, solo para poder permitirse una dieta básica y nutritiva”, explica por correo electrónico Paul Kinuthia, director sénior de Alimentación, Ayuda en efectivo y Mercados de World Vision International.

La investigación revela las graves desigualdades globales y el impacto devastador del encarecimiento de los alimentos sobre los hogares y la infancia y coincide con otras alertas recientes sobre la situación alimentaria mundial. El Índice Global del Hambre 2026, publicado este miércoles, advierte de que, tras casi dos décadas de avances, el hambre vuelve a crecer en el mundo, con 44 países que presentan niveles graves o alarmantes y 32 que han empeorado desde 2018.

Tomando como referencia una jornada laboral de ocho horas, el tiempo medio necesario para poder permitirse una cesta de la compra en los países analizados en 2026 es de 34,3 horas, es decir, unos 4,3 días laborables, lo que supone un descenso respecto a los 4,9 días laborables de 2024. Sin embargo, desde World Vision advierten de que esta mejora general no refleja toda la realidad. “El hambre ha seguido agravándose en algunas regiones, especialmente en entornos frágiles y vulnerables a las crisis climáticas. Además, algunos países, entre ellos Burundi y Níger, donde el hambre es especialmente grave, no se han incluido en el análisis de este año”, explican.

Millones de familias están trabajando más duro que nunca y, aun así, no pueden permitirse una dieta nutritiva

Paul Kinuthia, director sénior de Alimentación, Ayuda en efectivo y mercados de World Vision International

“Millones de familias están trabajando más duro que nunca y, aun así, no pueden permitirse una dieta nutritiva”, incide Kinuthia. “Por ejemplo, un vendedor de mercado, un trabajador agrícola o un trabajador eventual puede tener empleo y, aun así, verse obligado a elegir entre comprar alimentos nutritivos, pagar las tasas escolares o cubrir los gastos sanitarios”, añade y explica que esto “pone a toda una generación de niños en riesgo de sufrir hambre, malnutrición y pérdida de oportunidades para desarrollarse”.

De los 62 países participantes en el estudio, se incluyeron solo 56 en el análisis principal de horas y días de trabajo. Dos (Japón y Mauritania) presentaban cestas incompletas por la ausencia de maíz y cuatro (Afganistán, Sudán del Sur, Venezuela y Siria) fueron excluidos por falta de datos sobre su Renta Nacional Bruta (RNB). Para Kinuthia, esta ausencia de estadísticas oficiales es, en sí misma, una señal de crisis extrema. “Es profundamente preocupante porque los niños que afrontan los mayores riesgos de hambre y malnutrición pueden ser también los menos visibles. Sin sistemas de datos operativos, las crisis pueden quedar infrarrepresentadas, las necesidades subestimarse y las respuestas pueden retrasarse”, añade.

Mientras que en países de altos ingresos un trabajador necesita poco más de una hora de salario para comprar la cesta básica, en los 11 con los precios de los alimentos más elevados se supera la semana de trabajo. De estos, nueve pertenecen a África subsahariana, una región que alberga a casi la mitad de los Estados más frágiles y afectados por conflictos del mundo. En lugares como Sudán, el conflicto ha alterado los mercados y los medios de vida, mientras que en países como Somalia, las sequías recurrentes han reducido la producción de alimentos y elevado los precios.

Este aumento del precio de los alimentos tiene consecuencias para las familias. Muchas comen menos veces al día, otras reducen el tamaño de las raciones y algunas recurren a alimentos más baratos y menos nutritivos para estirar al máximo los escasos recursos de los que disponen. También piden dinero prestado, agotan sus ahorros, compran alimentos a crédito o venden bienes. A medida que la crisis se agrava, algunas reducen el gasto en sanidad y educación o asumen trabajos adicionales simplemente para poder poner comida en la mesa.

Hay días en los que mis hijos comen arroz solo con aceite y sal

Khin, madre de ocho hijos de Myanmar

Marisol, una mujer de Guatemala cuya historia recoge el estudio, nota en su día a día el mayor coste de la comida. “Hemos seguido consumiendo la mayor parte [de los alimentos], solo que ahora hay un poco menos”, explica. La carne es lo más caro, afirma, y el precio del pollo puede variar de una semana a otra. “A veces comemos carne cada ocho días, cada 15 días o incluso una vez al mes”, dice.

“Hay días en los que mis hijos comen arroz solo con aceite y sal”, relata por su parte Khin, una madre de ocho hijos de Myanmar. “Esto ya no es algo ocasional; se ha convertido en una realidad cotidiana”, añade. Sus gemelos empiezan el día con gachas de arroz y, a la hora de comer, lo único que vuelven a tomar son gachas de arroz. Con tan poca comida nutritiva están empezando a sufrir desnutrición y problemas digestivos.

Encarecimiento severo de los precios

El estudio también recoge el encarecimiento de la cesta de la compra registrado entre 2024 y 2026. En 33 de 47 países comparables, el coste de la cesta aumentó, con una subida media del 28,3%, la cual superó con creces los descensos registrados en otros lugares. Los incrementos más drásticos ocurrieron en Zimbabue (+123%), Malaui (+112%), China (+79%), Zambia (+61%) y Ucrania (+52%). Este encarecimiento está impulsado por razones que van desde los conflictos armados, choques climáticos (como sequías por El Niño), devaluaciones monetarias, la inflación o la fragilidad económica. A estos factores se suman riesgos geopolíticos como las tensiones en torno al estrecho de Ormuz, una ruta clave para el comercio mundial de energía, cuyo cierre ha afectado de forma directa al precio de los fertilizanes y ha presionado aún más los precios de los alimentos.

Sudán registró una disminución del 36% en el coste de la cesta básica, la mayor reducción medida, pero el informe advierte que esta cifra refleja la inestabilidad de un contexto de guerra y no una mejora real, ya que el país padece una inseguridad alimentaria alarmante y situaciones de hambruna.

 

Desde World Vision temen que la situación empeore en los próximos años. “La combinación de conflictos, impactos climáticos, alteraciones del suministro de alimentos y recortes de la financiación para el desarrollo y la ayuda humanitaria amenaza con hacer que los alimentos nutritivos sean todavía menos asequibles para millones de familias”, explica Kinuthia. “El informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo (SOFI, por sus siglas en inglés), ya muestra que el aumento de los precios de los alimentos está relacionado con niveles más elevados de inseguridad alimentaria y malnutrición infantil”, añade.

El estudio concluye que las intervenciones de emergencia salvan vidas, pero no resuelven las causas profundas, por lo que apelan a las soluciones a largo plazo, como apoyar la agricultura climáticamente inteligente, fortalecer los sistemas y mercados alimentarios locales, ampliar los programas de transferencias monetarias y de apoyo a los medios de vida, mejorar el acceso a los servicios de nutrición e invertir en comidas escolares y protección social.

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Silvia Laboreo Longás

martes, 13 de octubre de 2026

Obesidad: el peso de los prejuicios en una enfermedad crónica y compleja

 La obesidad sigue rodeada de ideas simplistas que la reducen a una cuestión de imagen o de fuerza de voluntad. ‘Razones de peso’, la iniciativa impulsada por la compañía médica Lilly reúne a especialistas de distintos ámbitos para desmontar estos prejuicios y recordar que es una enfermedad compleja y progresiva que durante años se ha simplificado y que requiere un abordaje integral, adaptado a cada persona

Divulgadores, profesionales sanitarios y del bienestar forman parte de esta iniciativa.VICTOR LAFUENTE

Durante años, la obesidad se ha simplificado y asociado casi exclusivamente a la imagen corporal, a la falta de fuerza de voluntad o a los dígitos que aparecen en la báscula. Sin embargo, la evidencia científica ha demostrado que se trata de una enfermedad crónica, compleja, multifactorial, progresiva y recidivante (con tendencia a reaparecer) en la que influyen elementos biológicos, psicológicos, sociales y ambientales. Reducirla a una cuestión de decisiones individuales no solo alimenta el estigma, sino que puede dificultar que quienes convivan con ella reciban un abordaje adecuado.

Con el objetivo de cambiar esta percepción nació Razones de peso, una iniciativa impulsada por Lilly con referentes de la cultura, el deporte, la gastronomía y la salud. Ahora reúne a profesionales con un enfoque sanitario y de bienestar como José Abellán, cardiólogo; Aitor Sánchez, nutricionista; Esther Gómez, enfermera; Alicia González, psicóloga, y Xuan Lan, instructora de yoga y especialista en bienestar, para desmontar algunos de los mitos más extendidos sobre la obesidad y explicar, con respaldo científico, por qué su abordaje debe ir mucho más allá del peso. Entender esta enfermedad implica hablar también de salud mental, entorno, autocuidado, estigmas, nutrición, hábitos de vida saludables y prevención, y asumir que no existe una única solución válida porque cada persona es diferente.

No se trata solo de comer menos y moverse más

Uno de los mitos más extendidos sobre la obesidad sostiene que basta con comer menos y aumentar la actividad física para prevenirla. Para Aitor Sánchez, dietista-nutricionista y tecnólogo alimentario, esta idea simplifica en exceso una realidad mucho más compleja. “Es habitual oír recomendaciones como ‘fíjate en las calorías’ o ‘hay que eliminar los hidratos’, pero el abordaje nutricional es mucho más amplio”, subraya.

A su juicio, los hábitos alimentarios no dependen únicamente de la voluntad individual. El entorno, el ritmo de vida, la disponibilidad de alimentos saludables, el tiempo para cocinar o la situación económica pueden condicionar de forma directa las decisiones diarias. Por eso, insiste en que la obesidad no puede abordarse con soluciones rápidas ni con estrategias aisladas difíciles de sostener a largo plazo.

Sánchez defiende, además, la necesidad de adaptar las recomendaciones a la realidad de cada persona. Mientras algunas requieren mejorar sus conocimientos culinarios, otras necesitan herramientas para organizarse con poco tiempo o recursos limitados. “Precisamente de eso nos encargamos los dietistas-nutricionistas: de diseñar un abordaje nutricional personalizado que pueda mantenerse a lo largo de la vida”, apunta.

El autocuidado como parte del proceso

La alimentación es una pieza clave, pero no la única. Para Xuan Lan, profesora de yoga y experta en bienestar, el autocuidado debe ocupar un lugar central en el proceso. Lejos de entenderlo como una recompensa puntual, propone integrarlo como un hábito sostenido. “La obesidad es una enfermedad crónica, progresiva, compleja y multifactorial y, cuando hay una enfermedad de por medio, la decisión de ocuparse del propio bienestar se vuelve todavía más necesaria porque el cuerpo necesita aliados”, señala.

Esos aliados pueden encontrarse en gestos tan sencillos como el movimiento consciente, la respiración, el descanso, la meditación o hablarse con amabilidad. Según expone, estas prácticas pueden contribuir a regular el sistema nervioso, reducir los niveles de cortisol, mejorar la calidad del sueño, disminuir la inflamación crónica y mejorar la autoestima. “No es filosofía, se trata de fisiología”, enfatiza.

Antes de incorporar nuevos hábitos, Lan considera imprescindible identificar qué se quiere cambiar. Comprender cuándo aparece un comportamiento, en qué contexto surge y qué lo desencadena es, a su juicio, la clave para sustituirlo de forma consciente por otro más saludable. “Si tienes clara la intención y sabes por qué vale la pena, un día que no puedes no te destruye. Sabes que al siguiente lo harás”, concluye.

La obesidad requiere una evaluación integral

La manera en que se aborda la obesidad en consulta también resulta determinante. Para Esther Gómez, enfermera y divulgadora, uno de los grandes retos del sistema sanitario es mejorar la escucha activa. “En una consulta con tiempos limitados, uno de los retos es garantizar el espacio suficiente para realizar una escucha activa y comprender no solo el motivo de consulta, sino también las circunstancias que pueden estar influyendo en la salud de esa persona”, advierte.

Esa falta de escucha puede favorecer que la consulta gire en torno a un único dato: el peso. “Aporta información clínica, pero debe interpretarse dentro de una valoración mucho más amplia que tenga en cuenta otros parámetros de salud, los hábitos, la salud mental y el bienestar emocional, el descanso, las enfermedades asociadas y las circunstancias personales, familiares, sociales y laborales de cada paciente”, puntualiza.

Desde Atención Primaria y, especialmente, desde enfermería, existe una posición privilegiada para realizar educación para la salud, promover el autocuidado, identificar barreras y acompañar de forma longitudinal a cada persona en la definición de objetivos realistas e individualizados, en coordinación con el resto del equipo multidisciplinar. “No basta con explicar a una persona qué debería hacer. Como profesionales sanitarios, también debemos ayudarla a encontrar cómo incorporar esas recomendaciones a su realidad, teniendo en cuenta sus circunstancias, sus barreras y sus objetivos”, reflexiona la divulgadora.

La importancia de cuidar la salud mental

Abordar la obesidad desde una perspectiva integral implica dejar atrás una mirada centrada exclusivamente en el peso o en el índice de masa corporal (IMC). Alicia González, psicóloga sanitaria, asegura que reducir la salud a estos indicadores “tiene un coste importante”, porque deja fuera aspectos clave como el bienestar emocional, la relación con el propio cuerpo, la historia personal o el contexto de vida de cada individuo.

Es habitual oír recomendaciones como “fíjate en las calorías” o “hay que eliminar los hidratos”, pero el abordaje nutricional es mucho más amplio
Aitor Sánchez, dietista-nutricionista y tecnólogo alimentario

Esta visión también se traslada a la consulta, donde muchas personas perciben que su peso se convierte en la explicación de todos sus problemas. “Muchos pacientes acuden por un motivo concreto y lo primero que ocurre es que se les pesa o se señala su cuerpo como causa de todo, sin preguntar siquiera cómo se encuentran”, apunta. Esta sensación de juicio puede retrasar o incluso evitar la consulta, mientras que sentirse escuchado facilita el inicio del cuidado.

Hay personas con obesidad que llevan años probando estrategias, con un esfuerzo enorme y muchas veces invisible, enfrentando barreras económicas, emocionales o de acceso que no tienen nada que ver con la pereza
Alicia González, psicóloga sanitaria

Entre los mitos más dañinos, destaca la idea de que la obesidad es una cuestión de voluntad: reducir la enfermedad a una falta de esfuerzo no solo carece de base científica, sino que añade una carga de culpa que dificulta su abordaje. También desmonta la creencia de que las personas con obesidad no cuidan sus hábitos o intentan cambiarlos. “Suelen llevar años probando estrategias, con un esfuerzo enorme y muchas veces invisible, enfrentando barreras económicas, emocionales o de acceso que no tienen nada que ver con la pereza”, indica la psicóloga.

Asimismo, cuestiona la idea de que alcanzar un determinado peso garantice el bienestar emocional: no siempre implica una mejora psicológica ni resuelve aspectos como la autoestima, la ansiedad o la relación con la comida. Es más, en algunos casos, puede activar o agravar un trastorno de conducta alimentaria, o generar una relación aún más rígida y exigente con el propio cuerpo. “El bienestar no puede medirse únicamente con la báscula”, avisa.

El corazón exige una revisión médica a tiempo

La obesidad no solo incrementa el riesgo de diabetes o hipertensión arterial, también deja una huella profunda en el sistema cardiovascular, aunque sus efectos pasen desapercibidos durante años. El cardiólogo José Abellán recalca que el daño integral, incluido el cardiovascular, comienza mucho antes de que aparezcan los primeros síntomas. “Durante mucho tiempo hemos reducido la obesidad a un problema de peso o de estética, cuando en realidad es mucho más que una acumulación de grasa”, cuenta.

El daño integral, incluido el cardiovascular, comienza antes de que aparezcan los primeros síntomas. Durante mucho tiempo hemos reducido la obesidad a un problema de peso o de estética, cuando en realidad es mucho más que una acumulación de grasa
José Abellán, cardiólogo

Lejos de ser un simple depósito de energía, el tejido adiposo actúa como un órgano capaz de alterar el funcionamiento del organismo. Favorece un estado de inflamación crónica, modifica la producción hormonal, promueve la resistencia a la insulina, eleva la presión arterial y obliga al corazón a trabajar en condiciones más exigentes. El problema es que este proceso suele avanzar de forma silenciosa.

Esa ausencia de síntomas, junto con la alta prevalencia del exceso de peso, contribuye a infravalorar el riesgo cardiovascular asociado. Sin embargo, el objetivo de su abordaje va mucho más allá de la pérdida de peso. “No se trata de perseguir una determinada imagen corporal, sino de mejorar la salud, contribuir a reducir el riesgo de infarto, insuficiencia cardiaca, ictus o diabetes y muchas otras enfermedades, y aumentar tanto la esperanza como la calidad de vida”, concluye.

lunes, 14 de septiembre de 2026

El proyecto progresista como ruta hacia la prosperidad

 Los gobiernos de Brasil y España defienden un modelo de gestión económica que funciona y que construye sociedades más justas y prósperas

Una de las ideas zombi que más veces resucita pese a haberse demostrado falsa es que los gobiernos de derecha son buenos para la economía y los de izquierda están condenados a la ineficiencia. La razón es una concepción limitada de la economía que ignora las múltiples dimensiones de la sostenibilidad o la distribución del crecimiento. La experiencia neoliberal en muchos países aumentó el déficit público, profundizó las desigualdades, generó crisis recurrentes y dejó economías más frágiles. Con frecuencia han sido los gobiernos progresistas quienes ordenaron las cuentas que la derecha dejó debilitadas. No obstante, una parte de la izquierda ha caído en la trampa de entregar a la derecha la bandera del crecimiento, la sostenibilidad fiscal y el control de la inflación pese a que la evidencia mostraba que los había defendido mejor. Esto ha debilitado su credibilidad ante los ciudadanos que simplemente quieren trabajar, emprender y mejorar su vida.

Los gobiernos de Brasil y España impulsan dos proyectos políticos con el bienestar compartido como brújula, donde el PIB no es un fin en sí mismo sino el bienestar de las familias en su día a día. Los hechos pesan más que los discursos. Los buenos resultados de estas políticas en nuestros países demuestran que hay un modelo progresista de gestión económica que funciona y que construye sociedades más justas y prósperas.

En Brasil, retomamos la senda de responsabilidad fiscal con justicia social que fue abandonada por el gobierno anterior. Aumentamos la transparencia y redujimos beneficios tributarios que favorecían desproporcionadamente a grandes grupos económicos, ampliando las políticas sociales. El resultado es un desempleo en mínimos históricos, la renta de los hogares creciendo y millones de personas saliendo de la pobreza.

En España, logramos compatibilizar una de las mayores tasas de crecimiento entre las grandes economías avanzadas por tres años consecutivos con la caída del déficit a su nivel más bajo en dos décadas, ocupación récord — generamos cinco de cada diez nuevos empleos de la zona euro — y reformas estructurales que ya mejoran la calidad del empleo, la productividad y la innovación. La lección es la misma. Responsabilidad fiscal, crecimiento y desarrollo social no se contradicen, sino que se refuerzan, pero requieren políticas valientes y ambiciosas.

Este es el camino alternativo que el mundo necesita ante el resurgimiento de un modelo económico que antepone el interés del mercado al colectivo. La promoverá el Consejo Global sobre la Nueva Economía del Siglo XXI, un foro de destacados economistas que formulará políticas económicas progresistas que respondan a la rápida transformación de la economía mundial. El Consejo, cuyo anfitrión inicial será España, celebrará su primera reunión presencial en octubre en un paso clave para dejar atrás la ortodoxia económica que ha fallado a la mayoría.

Las tres grandes transiciones que el mundo enfrenta —demográfica, ecológica y digital— ofrecen una oportunidad para construir economías más productivas, justas, resilientes y soberanas. La transición demográfica tensiona los sistemas de protección social en ambas orillas del Atlántico. Mientras que España tiene una de las pirámides poblacionales más envejecidas del mundo, Brasil comienza a ver cerrarse el bono demográfico que impulsó su desarrollo. La respuesta conservadora que recorta prestaciones y eleva la edad de jubilación traslada el coste a quienes menos pueden soportarlo. Nuestra apuesta es aumentar la productividad y construir sistemas tributarios más justos y progresivos. Brasil acaba de aprobar una reforma del impuesto sobre la renta que exonera a 15 millones de trabajadoras y trabajadores de renta media-baja e impone una contribución mínima efectiva a quienes perciben rendimientos muy elevados. En paralelo, España gravó los beneficios extraordinarios de las empresas energéticas y bancarias para financiar la respuesta a la escalada inflacionista tras la invasión rusa de Ucrania, y fue pionera con un impuesto a las grandes fortunas.

La transición ecológica constituye la base del desarrollo del siglo XXI. Brasil posee activos estratégicos sin parangón, como la mayor selva tropical del mundo, las mayores reservas de agua dulce y una matriz eléctrica renovable. El presidente Luiz Inácio Lula ha hecho de la protección de la Amazonia un pilar de la política exterior brasileña, porque protegerla no es renunciar al desarrollo, sino garantizar que sea duradero. España, donde la transición verde es uno de los ejes centrales de la política económica, se ha transformado en un referente mundial en energías limpias. Las renovables generan más de la mitad de su electricidad y el país es el segundo destino mundial de nueva inversión en el sector. La menor dependencia de los hidrocarburos ha amortiguado el impacto de la guerra en Irán sobre los hogares y abaratado la electricidad para sus industrias.

La transición digital decidirá las condiciones de vida de las próximas generaciones. Hoy unas pocas empresas controlan la infraestructura tecnológica sobre la que operan nuestras economías y democracias. Como señaló el papa León XIV, esta concentración entraña riesgos serios de deshumanización, porque esas empresas optimizan la rentabilidad de sus accionistas y no la cohesión social ni la integridad democrática. Para afrontar este reto, Brasil combina la regulación de plataformas con el fomento de centros de datos y un marco para la inteligencia artificial (IA) basado en la gestión de riesgos. España, a su vez, ha propuesto prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años, exigiendo mayor responsabilidad a las grandes plataformas y contribuyendo al desarrollo de una IA que respete la dignidad, la autonomía y la equidad.

El mundo que tenemos hoy no es el mundo que aspirábamos a construir. Las guerras y el extremismo han regresado y el multilateralismo está siendo desmantelado. Los aranceles unilaterales, el control del acceso a los mercados como instrumento de presión y la sustitución de la diplomacia por la amenaza perjudican a todos. Nuestra responsabilidad como ministros de economía es reafirmar que las diferencias entre naciones se resuelven mediante el diálogo y el derecho. La firma del acuerdo Mercosur-Unión Europea —el mayor de la historia por PIB combinado— es la expresión más concreta de esa apuesta por el orden multipolar, donde ambos gobiernos tuvieron un papel central.

El presidente Lula ha ejercido un liderazgo diplomático desde esa convicción, manteniendo los canales abiertos con todos los actores, renunciando a los alineamientos automáticos y reafirmando que el Sur Global tiene voz propia. El presidente Pedro Sánchez ha defendido el derecho internacional frente a las acciones unilaterales y una Unión Europea con mayor autonomía estratégica. Ambos gobiernos han demostrado que políticas progresistas no son solo positivas para la economía, sino que también construyen sociedades más estables y justas.

Frente a la lógica de la fuerza, la lógica del derecho. Frente a la fragmentación, la gobernanza multilateral. Frente a la concentración tecnológica, la soberanía digital al servicio de las personas. Y frente a quienes reducen el progresismo a un ejercicio de identidad y de banderas, una convicción más exigente. El progresismo no se mide en los discursos, sino en las vidas que transformamos. En si las personas trabajan en mejores condiciones. En si pueden pagar el alquiler a fin de mes. En si sus hijos tienen acceso a una educación que les abra oportunidades reales.

Eso es lo que estamos construyendo. Eso es lo que defendemos. Y eso es lo que el mundo necesita ver demostrado, hoy más que nunca, por gobiernos que están del lado de su pueblo.


viernes, 5 de junio de 2026

CCOO lamenta que el acuerdo de gobierno vulnera valores democráticos

 La secretaria general de CCOO CyL, Ana Fernández de los Muros, denuncia que el Partido Popular se pliega, una vez más, al ideario de la extrema derecha con un pacto que da la espalda al Diálogo Social, a la participación, y cargado de ideología xenófoba. El acuerdo no resuelve los problemas de la ciudadanía, “solo viene a crear crispación como ya hicieron hace cuatro años”. La dirigente sindical avisa que "CCOO frenará cualquier política que atente contra las personas trabajadoras".


CCOO CyL se opone al acuerdo de gobierno firmado hoy entre la derecha y la extrema derecha. Para el sindicato, este pacto pone de manifiesto que el PP ha quedado completamente plegado, al igual que en Extremadura y Aragón, a las directrices de la extrema derecha, firmando un documento contrario a los principios constitucionales y a los valores de nuestra democracia, puesto “que ignora por completo el Diálogo Social y excluye a los agentes sociales”. Por todo ello, se trata de un acuerdo que no da ninguna estabilidad al gobierno “y podría romperse en cualquier momento”.

“Han cometido la grave temeridad de no dar cabida al Diálogo Social” a pesar de que es una obligación legal recogida explícitamente en el Estatuto de Autonomía de Castilla y León, por lo que marginarlo supone “gobernar al margen de la ley”. Esto pone en la diana a instituciones esenciales para el tejido laboral de la comunidad como el SERLA (Servicio de Relaciones Laborales), el órgano de mediación de conflictos que la extrema derecha ya intentó asfixiar y que resulta fundamental para empresas y trabajadores.

La dirigente sindical cuestiona “este compendio de 62 páginas, con medidas de difícil encaje jurídico, plagadas de ideología racista y xenófoba”, que fomenta la discriminación y la desigualdad entre las personas. En esas 62 páginas no “hemos encontrado ni un solo párrafo” que garantice las políticas suficientes en materia de servicios públicos, creación de empleo y desarrollo económico para la comunidad. Se limita a anunciar una bajada de impuestos que supone el desmantelamiento del estado del bienestar, sobre todo, en el mundo rural.

En el documento tampoco hay ni rastro de los planes de empleo. Para CCOO CyL, renunciar a estas herramientas estratégicas, que históricamente han servido para fijar población y dar oportunidades a los colectivos más vulnerables, demuestra el desinterés absoluto de este nuevo Ejecutivo por el futuro laboral de la comunidad y constata “su nula capacidad para ofrecer soluciones reales al tejido productivo de Castilla y León”.

Tampoco aborda soluciones para desbloquear el principal problema de esta comunidad y del resto de España, la vivienda. “Se limitan a agitar discursos xenófobos como la creación de un padrón para expulsar, literalmente, a la población migrante”, concluye.

El sindicato permanecerá vigilante ante cada medida que la Junta intente desarrollar. “Frenaremos cualquier política que atente contra los intereses de la clase trabajadora”, o que ponga en riesgo los servicios públicos o suponga un retroceso en los avances logrados a través del Diálogo Social en materias de igualdad, prevención de riesgos, servicios sociales, integración, medio ambiente y formación.

BECAS AL ESTUDIO

AMPLIACION DEL PERIODO DE DISFRUTE DE VACACIONES Y MOSCOSOS DEL AÑO 2020

  INFORMA        2ª Ampliación disfrute días permiso 2020 Se amplía el período para disfrutar los días correspondientes a las vacaciones...

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